Triatlón Zapallar: Mi Golden Ticket para cerrar el 2025
Race Report – Triatlón de Zapallar 2025
El 20 de diciembre me aventuré en 1500 metros de natación en mar abierto a 14 °C, 40 kilómetros de ciclismo con ruta entre Zapallar, Cachagua y Papudo y un cierre de 10K de running costero. Una crónica sobre mi experiencia en el último triatlón olímpico del año.
Carrera: Triatlón Zapallar
Lugar: Zapallar, Chile
Día: 20 de diciembre 2025
Distancia: Olímpico / Standard (1500mts natación, 40k bici, 10k trote)
Posición en la Categoría: #4
Canción clave: Don´t dream it´s over / Crowded House
Team: Mamá y Vale
Datita en Garmin
Resultados
Por: Luciana Balbi
IG: luciana.balbi / lubalbi.tracks
lubalbisc@gmail.com
+54 9 261 2434146
Llovía, estábamos caminando hacia los autos después de festejar el cumple de mi amicha Maca. Mojadas, en el medio de la ventolera, Vale me dice que tiene una inscripción para el tría de Zapallar, no podía correrlo porque un desatinado la empujó en la bici a pocos días del evento y le quebró un hueso de la mano. Le grito: “¡Hablemos me interesa!”. Mi mamá nos había invitado a mi hermana y a mí de vacaciones por la zona de la prueba en esos días. Llegaba el 19 y la prueba era el 20 de diciembre. Por dentro pensé, ¿es este mi Golden Ticket a una prueba más? ¿A cerrar el año con un tría en el mar? ese que tantas veces medité y se hizo presente para sentirme en calma. ¡YES BABY!
Me tocaba contárselo a mi Senséi. En el tría de San Francisco del Monte de Oro, una semana antes del Tría Zapallar..."Migue, me queda una más, una salidita más al mar y te juro que terminamos el año". Algo así fue lo que le tuve que decir a mi entrenador para que me diera las últimas coordenadas. Veníamos de un tría short, un trail, un tría olímpico en findes consecutivos, sin contar los otras aventuras que se espaciaron por una semana. Por dentro pensaba que le iba a romper el algoritmo de la app de entrenamientos. Él es un crack, y lo que conseguimos no fue de un último mes de carreras todos los findes. Construimos un plan con volumen, descarga y fortalecimiento físico y mental desde que decidí comprometerme con la vida y el entrenamiento hace menos de dos años. ¡Migue, lo conseguimos! completamos todas las pruebas sin lesiones y con mucho disfrute. ¿Qué mejor que eso? Gracias.
Fue una semana de hacer descarga y descanso. Más tiempo libre. Dios que se hace difícil la previa. Venía con entrenamientos todos los días que me hacen bajar un cambio y todos estos días de descarga acortaban el volumen y en consecuencia el tiempo que tenía para andar por la vida sin meditar en movimiento. Por momentos jugaba con la yema de los dedos a tocar la mesa dedo por dedo al ritmo de alguna canción de Kanye West. Aumentaban mi ansiedad. Pero todo el proceso, hizo que completara todos los desafíos y mi cuota de paciencia. Oremos.
Mientras los días pasaban Vale y Érika gestionaron el pase de inscripción para que pudiera competir en mi categoría y que también tuviera mi nombre en la largada. No había vuelta atrás y yo ya confiaba en lo que estaba pasando. Esta situación estaba hecha para mí. Me encontró y la aproveché con una energía que viene abriendo caminos y recibiendo oportunidades hermosas.
Salimos con mi mamá el 19 de diciembre a las 6am para llegar a Chile con la remota chance de poder retirar el kit. De Mendoza a Chile, atravesadas por la cordillera era hora de cambiar de estado. De la montaña con su llamado a la introspección y ritmos dictados por ella misma al mar con su horizonte abierto, infinito y expansivo. De los cerros de los Andes al océano Pacífico, todo invita al movimiento y a un cierre.
Llegamos a Zapallar en 7 horas, antes de que abrieran el predio de retirada de kit. Nos fuimos al mar y vimos las instalaciones del evento. El sector de la bici era enorme, se notaba que muchxs ibamos a disfrutar de este tría.
Caminé hacia el mar y una persona que estaba en el sendero previo a llegar a la playa nos preguntó de dónde veníamos. Le conté que de Mendoza y aproveché para hacerle algunas preguntas sobre el recorrido. Me dió los tips y con tremenda onda me deseó que lo disfrute. Era el organizador del evento Sebastián Noguera, que estaba dejando todo a punto para entregar 8va edición.
De 450 personas inscritas llegué #29 a retirar mi dorsal y ese fue el número que me iba a acompañar en la Tri-aventura. El kit vino con una mochila Bubba Black impermeable zarpada, seguro que me va a acompañar para ir del trabajo al club para entrenar, gorrito de natación y para el sol, un gel, botellita gatorade, chip. Con todo eso ya había ganado.
Al cruzar la cordillera también se nota la calidad de organización de los eventos y el apoyo de marcas que entienden el valor del marketing deportivo. En Chile, las marcas no solo ponen su logo: diseñan experiencias. Piensan el kit, el recorrido, la comunicación previa y el post carrera que terminan por comunicar la marca por sí sola.

En Argentina en su mayoría, todavía no terminan de ver este potencial. Y las organizaciones, por más esfuerzo y pasión que le pongan, muchas veces se quedan cortas en prestaciones de servicio o en propuestas de entretenimiento para un atleta que entrena, viaja, invierte tiempo y dinero para participar.
Hay un desafío para organizadores y marcas. Entender que una carrera no es solo un circuito, cronometraje e hidratación, sino una experiencia completa. Porque cuando el deporte está bien contado y bien acompañado, deja de ser solo competencia y se convierte en un momento que queda marcado para siempre. Y esos recuerdos son los que hacen que uno vuelva a cruzar fronteras para vivir una nueva tri-aventura y que todos ganen desde su perspectiva. Cierro paréntesis
Cena previa. ¿Pasta to Run Fasta? (Pasta para correr más rápido) Pues no mi ciela, le entré a unos pancitos integrales con semillitas, queso, jamón ahumado y huevo, postre: dulce de membrillo. Delicioso! ¿Se recomienda? no. Los embutidos de Chile son riquísimos y ya estaba entregada, quería hacer la carrera disfrutándola a pleno. Empecé por la cena.
Una dormidita más, esta vez escuchando las olas del mar y se largaba, esta vez si, el último desafío del 2025.
Una tri-vesía salada
Llegamos al venue medio jugadas. Disparé hacia el parking de transiciones para dejar todos los elementos para rodar y correr. Me puse el neopreno y aproveché los últimos 10 minutos antes de la largada para entrar en calor. El agua estaba fresca, 14C, fue importante entrar y salir por lo menos una vez para aclimatar. Hasta que llegó la vez de salir para arrancar la travesía.



En le Tri Zapallar éramos más de 450 atletas individuales, más los que hicieron postas, atrás del arco de largada. La cuenta regresiva llegó a cero y era hora de correr hasta el mar para empezar un recorrido que duraría, en mi mente, 3 horas. Activo mi garmin. Hombres y mujeres nos avalanzamos hacia el mar. Corrí hacia la derecha para tener el camino despejado y no entrar en el montón, me parece mejor estrategia que salir del medio en el dulce montón. Una sola vuelta, dos bollas y el arco de llegada. 1500 metros de mar, las piernas fueron casi colgadas. En mi cabeza pensaba, finalmente estoy cerrando el año en el mar, nadando en agua salada y esto es sólo por disfrute. Qué afortunada.
En la segunda bolla entré en una fuerza centrífuga que me expulsó directamente hacia el último tramo. Dí las últimas brazadas hasta que pudiera ver mi brazo lo más cerca de la arena posible, me paré y corrí hacia la T2. Dejé el equipo de natación y cambié por el de la bici. Hasta la linea de partida fui corriendo con las zapatillas con trabas en la mano porque no quería que se llenaran de arena y que me fueran a dar algún problema para trabarme. ¿Antes visto en un/a triatleta? No creo.
Fueron 40 kilómetros para rodar entre Zapallar, Cachagua y Papudo, con la ruta cerrada solo para nosotros. Una oportunidad enorme. Ese recorrido, en condiciones normales, es exigente y algo peligroso: no hay banquina y el tránsito suele ser rápido, a veces demasiado. Poder pedalear sin autos alrededor cambia todo. Empecé con una subida, después otra y otro subidón más. Una bajada efímera y así sucesivamente. La felicidad duraba poco o pasaba rápido, por momentos a 60 km/h. Nos tocó un día espectacular, sin viento. Era puro corazón latiendo al ritmo del mar, con el aroma a eucaliptus acompañando cada pedalada.
En la bici aprendí a alentarme a mi misma, a decirme en voz alta: ¡Dale nena! ¡Fearless! ¡Vamos! A ir cantando, esta vez fui andando con Rosalía. Cuando descubrí esa charla interna en voz alta ¡no la solté más! Es liberadora y alentadora.
Alguien que me alentó y me dio tips en la bici fue Vivi. Una crack que vuela en muchas disciplinas pero en la bici es tope. Me vio que iba parada y me recomendó tenerle paciencia a la subida para no quemarme las piernas. Así que lleve el consejo como mantra. ¡Gracias Vivi!
Además, creo que en la bici es en la disciplina que da para que te alienten y alentar. A veces hasta para conocer historias como la de una chica que estaba pasando por una lesión pero hizo el tría en posta para no perdérselo o la de un chico con el que nos acompañamos en una subida con la lengua afuera. Cuando terminamos nos reconocimos el logro y brindamos con una chela.

Volviendo al recorrido, pasaron los D+604 MTS, llego a la línea de desmonte, corro hasta la zona de transición y doy un paseo épico. No encontraba mi puesto, así que en la cuarta disciplina del tría que es la transición se me pasó un toque de tiempo. Antes de salir para trote estiré la columna y los abdominales esperando no a acalambrarme la panza de nuevo.
Off we go, a correr 10k bordeando el mar de Zapallar y Cachagua. Me sentía con sensaciones lindas, que iba a tener aire por estar a nivel cero del mar alcanzando un desnivel positivo de 162MTS. Por dentro ya había soltado un poco, tenía dos tercios de carrera hechos, sabía que lo terminaba si o si. A pesar de tener un par de elevaciones pronunciadas me sentí cómoda en el recorrido. Mi proceso con el running ha sido del odio al amor, tantas salidas físicas, mentales y espirituales hoy me llevan a disfrutarlo.

Crucé la meta con una sonrisa enorme, celebrando más que el resultado, el camino, el proceso, el haber dicho que sí a todo con la confianza de que mi cuerpo y mente habíamos trabajado juntos para fusionarnos en la montaña y el mar. Todo este placer, la posibilidad de poder hacerlo, ha sido con un corazón salvaje y abierto a que suceda todo lo que es para mí. Afirmo: funciona.

Abrazos de llegada bien apretados con mi mamá y Vale. Unos masajitos en la espalda que venía contracturada, declarándole mi amor a la masajista y a lo que yo vine, que no es una medalla y una banana…Me fui a aprovechar la ventana metabólica con una Chelita Austral Yagan Dark Ale y a brindar, lo que se hizo expansivo a la playa. ¡Salud!
Ganadora del Golden Ticket del Pacífico
El Triatlón de Zapallar me entregó una invitación a ser parte del circuito oceánico, a unirme con el mar para aflojar el ego y quedar en presencia de quién soy, a liberarme para dejar de combatirme y fluir con la inteligencia natural del cuerpo.
¿Y si todo sale bien? ¿Y si el disfrute es ahora inminentemente? ¿Y si la respuesta es "Sí, Dale!"? Confiar en el camino que me estoy proponiendo y construyendo, confiar en mí y en que sabía que podía completar el último tría olímpico del año a pesar de la seguidilla de Trias y trails. Ese es mi Golden Ticket la paz encontrada en el movimiento y la potencia del corazón.



Por Lu Balbi
Fecha de la carrera: Sábado 21 de diciembre de 2025


















