Nicolás Pombo: “Crónica de una carrera en la montaña”
Race Report - Campeonato Mundial IRONMAN 70.3 Niza 2026
Cruzando la meta en la Promenade des Anglais — 5:41:54, finisher del Mundial 70.3.
Hay carreras que se corren contra el reloj y otras que se corren contra la montaña. El Mundial 70.3 de Niza es de las segundas.
Me tomó diez años clasificar a un Mundial. Y lo hice sin entrenador: autodidacta, investigando, probando y equivocándome, hasta desarrollar mi propio modelo de 26 semanas —apoyándome en inteligencia artificial (Claude) como copiloto de análisis, y con flexibilidad total para hacerlo compatible con mis viajes, mi familia y las horas reales que tenía para entrenar—. Incorporé parte del método noruego para entrenar más eficiente, con la frecuencia cardíaca en el trote y la aclimatación al calor como pilares. Llegué a la Costa Azul con el trabajo hecho, aunque con un bloque de altura en Chile que me había cortado el proceso justo a la mitad, y con una meta ambiciosa metida en la cabeza: bajar de 5 horas.
Spoiler: no bajé de 5. Terminé en 5:41:54. Y aún así me vuelvo con la sensación de haber corrido una de mis mejores carreras. Va la crónica, y sobre todo, lo que me llevo.
El monstruo
Primero, contexto, porque sin él el número no dice nada. El circuito de Niza es el mismo desde 2019 y es de los más duros del mundo en la distancia: 1,9 km de nado en el Mediterráneo, 90 km de bici con 1.240 metros de desnivel —incluyendo el Col de Vence, 9,7 km al 6,6 %— y un medio maratón de dos vueltas por la Promenade des Anglais. Para dimensionar: Hayden Wilde ganó este año en 3:50:51. No es Panamá ni un curso plano. Acá se viene a sufrir.
La espera
Mi wave largaba a las 9:15, la última. Eso significó madrugar igual que todos y después esperar más de dos horas parado, mientras el sol, el viento y la corriente subían. Cuando por fin entré al agua, el mar ya no era el de las 7 de la mañana de los pros. Primer aprendizaje del día, y no fue en las piernas.
Nado — 37:31
Mar abierto, sin traje de neopreno, con corriente. Empujaba y sentía que no avanzaba. Y llegando, para rematar, me agarró uno de mis típicos calambres en la planta del pie —tuve que parar unos segundos y nadar lento los últimos 300 metros, esperando que no fuera a peor—. No justifica el tiempo, pero me cortó el envión justo en el cierre. Aun así, hice algo que nunca había logrado: salir del agua sin pánico, con el pulso bajo y la cabeza fría. Un detalle del formato por waves: después de los primeros 500 metros el agua se abre, y me tocó nadar largos ratos completamente solo, sin nadie alrededor a quien seguir. A veces el progreso no está en el crono.
Bici — 3:14 (93 km, 1.240 m)
El plano inicial lo hice cómodo, en posición aero. Después llegó el Col de Vence, y ahí me concentré en subir cuidando los watts según el plan que había armado —un porcentaje de mi FTP—, sin pasarme de rosca. El calor pegaba fuerte: las primeras dos horas —trepando, fuera de la aero— se me hicieron eternas. Pero entonces llegó la bajada. Qué placer. Y acá una de las mejores decisiones de la semana: haber reconocido ese descenso dos días antes. Eso me dio la confianza para largarme suelto y acelerar justo donde todos frenaban. Pasé ciclista tras ciclista y, de ahí a la meta, no me pasó nadie. Esa parte la voy a recordar mucho tiempo. Un dato que también suma en el reloj: el recorrido midió 93 km, no 90 —tres kilómetros de más que igual se pagan. 
En posición aero sobre el Scott Plasma, camino al Col de Vence, con los Alpes de fondo.
Run — 1:40:29 (4:45/km)
El orgullo del día. Bajé de la bici con las piernas de gelatina de siempre, aguanté los primeros kilómetros, y el ritmo apareció solo. Corrí el medio maratón entero en zona 3, a 4:45/km, bajo el sol de la tarde, con el pulso que no se me disparó nunca —y cerré con los últimos kilómetros más rápidos que el resto. La mayoría explota ese run después de esa bici y ese calor. Yo terminé acelerando. Lo curioso: el corazón tenía más para dar, pero las piernas no me alcanzaban para bajar del 4:30 que quería. Nota mental para el próximo bloque. 
El medio maratón por la Promenade des Anglais, con el Hotel Negresco detrás.
Un aprendizaje táctico que duele contar
Fui a la carrera con la bici cargada al mínimo, apostando a reponer líquido en cada puesto de hidratación para subir liviano. Error. Para mi sorpresa, el nivel de atención en los puestos fue bajo: las botellas de Precision no venían llenas, y muchas veces había que detenerse para poder agarrar lo que uno necesitaba. En la bici perdí ritmo; en el trote fue peor, porque casi cada dos kilómetros tenía que frenar para cargar algo —y cuando venís corriendo en zona 3, cada freno es un ritmo que después cuesta muchísimo recuperar—. Si vas a correr Niza: cargá tu propia hidratación y nutrición, y usá los puestos solo para un agarrón de agua o hielo al vuelo. No dependas de ellos para lo esencial.
Y hay un factor que se suma, cortesía de largar en la última wave: arranqué unas dos horas y cuarto después de los primeros, así que cuando yo venía corriendo bajo el sol de la tarde, en varios puestos ya no quedaba hielo —y las estaciones, que de por sí traían un nivel de atención flojo, estaban aún más diezmadas—. Una razón más para ser autosuficiente y no depender de lo que "debería" haber en el puesto.
El número, y la honestidad
5:41:54. No es el sub-5 que fui a buscar. Pero cuando bajé la adrenalina y miré los datos con calma, entendí algo importante: en este curso, ese era mi rango real. El sub-5 era un número de curso plano y rápido. Mi mejor marca —un 4:15 en Gulf Coast— fue con el nado recortado, no un circuito completo; en un curso plano de verdad estaría probablemente en 4:40–4:45, que igual es un tiempo muy bueno. Niza, con su montaña, es otro planeta.
Y lo más valioso: el limitante no era el motor. Un cierre en negativo con el pulso bajo, después de todo eso, dice que el fondo estaba. Lo que me faltó afilar son las habilidades alrededor: el nado, las transiciones (perdí varios minutos evitables), y la velocidad de piernas para acelerar cuando el corazón todavía tenía margen. Esas cosas se entrenan, y se arreglan más rápido que construir un motor.
De menos a más
Hay un número que me llena más que el crono. Salí del agua en el puesto ~300. Me bajé de la bici en el ~220 —pasé a unos 80 ciclistas—. Y en el trote pasé a otros 20. Terminé subiendo cerca de 100 posiciones, con una carrera de menos a más en la que, en la segunda mitad, casi nadie me pasó. El que sale rápido y se apaga es fácil; remontar toda la carrera es lo que uno busca. Esa curva, para mí, vale tanto como el tiempo.
Lo que viene
Me vuelvo con un aprendizaje claro para el próximo bloque: me faltó volumen y me faltó calidad. Más horas bien puestas y más series —sobre todo en el nado y en la velocidad de carrera—, transiciones practicadas, y una estrategia de nutrición donde no dependa de parar en cada puesto.
Y tengo claro el norte: si le bajo unos 20 minutos a esta marca, empiezo a sentirme competitivo de verdad. Lo lindo es que esos 20 minutos no están en el motor —están en las habilidades que todavía puedo pulir.
Parar y celebrar
Cuando uno apunta alto y no llega al número, es fácil que lo logrado se vea más chico de lo que es. Por eso me obligué a parar y mirar para atrás. Disfruté la carrera. Tuve a mi señora al lado, representando a toda mi familia, y cuando crucé la meta vi cómo desde otro continente me habían seguido y lo festejaban. Eso —no el reloj— es lo que me llevo.
Con mi señora en la meta. Esto —no el crono— es lo que de verdad me llevo.
La verdad es que me siento muy afortunado de poder vivir algo así. Me vuelvo finisher de un Campeonato del Mundo en un curso monstruo, corriendo fuerte hasta la línea, remontando cien posiciones, con mi gente conmigo. El reloj dice 5:42; las piernas, la cabeza y el corazón dicen que soy mejor triatleta —y estoy más agradecido— que cuando empecé.
Detrás de todo esto hay una búsqueda constante por mejorar. Llevo diez años en esto —y diez años más viejo—, y sigo bajando mis tiempos. Eso es lo que me mueve. Y poder hacerlo, para mí, es un privilegio que no se puede desperdiciar.
Gracias a los que me empujaron conmigo estos meses. Nos vemos en la próxima.
Las 26 semanas de preparación: carga semanal (barras) y la curva de forma (dorada), con el bloque de altura en Chile visible y el pico hacia el día de carrera.
¿Querés saber cómo armé mi modelo de entrenamiento —método noruego + inteligencia artificial (Claude) como copiloto de análisis, todo flexible alrededor de mis viajes, mi familia y las horas reales que tenía para entrenar? ¿O tenés preguntas sobre el curso, el pacing o la nutrición? Escríbanme — feliz de compartir lo que aprendí.
Por Nicolás Pombo
Fecha de la carrera: Domingo 13 de septiembre de 2026


















